SALA DE LECTURA
martes, 18 de octubre de 2011
CUENTO INFANTILES " LAS MEDIAS DE LOS FLAMENCOS "
Las medias de los flamencos
Autor: Horacio Quiroga
La historia:
Cierta vez, las víboras dieron un gran baile, invitaron a las ranas y los sapos, los yacarés y los peces. Los peces como no caminan no podían bailar pero se acercaban a la orilla y aplaudían moviendo la cola. Los yacarés se habían puesto un collar de plátanos y fumaban cigarros paraguayos, los sapos se habían pegado escamas de peces por todo el cuerpo y se movían meneándose como si nadaran, y cada vez que posaban por la orilla, los peces les hacían burla. Las ranas andaban paradas en dos pies y se habían colgado una luciérnaga en el cuello como adorno.
Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras, cada una vestida con traje de bailarina del color de cada víbora. Las coloradas llevaban una pollerita de tul colorada, las verdes una de tul verde, las amarillas, una de tul amarillo. Y las más espléndidas de todas eran las víboras de coral, vestidas con larguísimas gasas rojas, blancas y negras y bailaban como serpentinas. Cuando danzaban y daban vueltas todos los invitados aplaudían como locos.
Sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen poca inteligencia no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban todos los trajes, sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una de ellas les pasaba enfrente se morían de la envidia...
Entonces un flamenco dijo:
-Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y rojas y las víboras se enamorarán de nosotros. Todos juntos se fueron volando al almacén del pueblo y preguntaron ¿tiene medias rojas, blancas y negras? Y el hombre les dijo ¿están locos? ¿quién va a tener medias así?. Se fueron a otra tienda e hicieron la misma pregunta y recibieron la misma respuesta, así ocurrió otra y otra vez: ¿tiene medias rojas, blancas y negras? ¡qué va! ¿cómo se le ocurre?. Hasta que un tatú les dijo: ¿ustedes son flamencos locos, nunca van a encontrar esas medias rojas, blancas y negras, a menos que se las pidan a mi cuñada la lechuza ella sí tiene medias rojas, blancas y negras. Entonces los flamencos volaron a visitar a la lechuza y le pidieron:
-Señora lechuza ¿es cierto que usted tiene medias rojas, blancas y negras? Y ella les dijo: esperen vuelvo enseguida.
-Aquí las tienen, pónganselas y vayan a bailar, pero eso sí: tienen que bailar todo el tiempo adelante atrás, arriba abajo, nunca pueden dejar de bailar, porque si lo hacen van a llorar. Y era que las medias estaban hechas de víboras de coral.
Los flamencos sin saberlo se las pusieron y llegaron a la fiesta siendo la envidia de todos.
Pero las víboras desconfiaban de sus medias, sobre todo las víboras de coral. Cuando un flamenco se cayó de cansado le alumbraron las patas y descubrieron que las medias eran hechas de piel de víboras. Entonces las víboras los mordieron y les hicieron mucho daño en sus patas. Los flamencos muertos del dolor corrieron a refugiarse en el agua y a sumergir sus patas en el río para aliviar el dolor de las mordidas y el veneno. Por eso los flamencos tienen las patas tan rojas y se la pasan metidos en el agua, para aliviar su dolor.
Autor: Horacio Quiroga
La historia:
Cierta vez, las víboras dieron un gran baile, invitaron a las ranas y los sapos, los yacarés y los peces. Los peces como no caminan no podían bailar pero se acercaban a la orilla y aplaudían moviendo la cola. Los yacarés se habían puesto un collar de plátanos y fumaban cigarros paraguayos, los sapos se habían pegado escamas de peces por todo el cuerpo y se movían meneándose como si nadaran, y cada vez que posaban por la orilla, los peces les hacían burla. Las ranas andaban paradas en dos pies y se habían colgado una luciérnaga en el cuello como adorno.
Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras, cada una vestida con traje de bailarina del color de cada víbora. Las coloradas llevaban una pollerita de tul colorada, las verdes una de tul verde, las amarillas, una de tul amarillo. Y las más espléndidas de todas eran las víboras de coral, vestidas con larguísimas gasas rojas, blancas y negras y bailaban como serpentinas. Cuando danzaban y daban vueltas todos los invitados aplaudían como locos.
Sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen poca inteligencia no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban todos los trajes, sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una de ellas les pasaba enfrente se morían de la envidia...
Entonces un flamenco dijo:
-Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y rojas y las víboras se enamorarán de nosotros. Todos juntos se fueron volando al almacén del pueblo y preguntaron ¿tiene medias rojas, blancas y negras? Y el hombre les dijo ¿están locos? ¿quién va a tener medias así?. Se fueron a otra tienda e hicieron la misma pregunta y recibieron la misma respuesta, así ocurrió otra y otra vez: ¿tiene medias rojas, blancas y negras? ¡qué va! ¿cómo se le ocurre?. Hasta que un tatú les dijo: ¿ustedes son flamencos locos, nunca van a encontrar esas medias rojas, blancas y negras, a menos que se las pidan a mi cuñada la lechuza ella sí tiene medias rojas, blancas y negras. Entonces los flamencos volaron a visitar a la lechuza y le pidieron:
-Señora lechuza ¿es cierto que usted tiene medias rojas, blancas y negras? Y ella les dijo: esperen vuelvo enseguida.
-Aquí las tienen, pónganselas y vayan a bailar, pero eso sí: tienen que bailar todo el tiempo adelante atrás, arriba abajo, nunca pueden dejar de bailar, porque si lo hacen van a llorar. Y era que las medias estaban hechas de víboras de coral.
Los flamencos sin saberlo se las pusieron y llegaron a la fiesta siendo la envidia de todos.
Pero las víboras desconfiaban de sus medias, sobre todo las víboras de coral. Cuando un flamenco se cayó de cansado le alumbraron las patas y descubrieron que las medias eran hechas de piel de víboras. Entonces las víboras los mordieron y les hicieron mucho daño en sus patas. Los flamencos muertos del dolor corrieron a refugiarse en el agua y a sumergir sus patas en el río para aliviar el dolor de las mordidas y el veneno. Por eso los flamencos tienen las patas tan rojas y se la pasan metidos en el agua, para aliviar su dolor.
Biografía de Horacio Quiroga
Horacio Quiroga
(Salto, 1878 - Buenos Aires, 1937) Narrador uruguayo radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.
Las tragedias marcaron la vida del escritor: su padre murió en un accidente de caza, y su padrastro y posteriormente su primera esposa se suicidaron; además, Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su amigo Federico Ferrando.
Estudió en Montevideo y pronto comenzó a interesarse por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió Una estación de amor (1898), fundó en su ciudad natal la Revista de Salto (1899), marchó a Europa y resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de viaje a París (1900). A su regreso fundó el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo y las polémicas con el grupo de J. Herrera y Reissig.
Ya instalado en Buenos Aires publicó Los arrecifes de coral, poemas, cuentos y prosa lírica (1901), seguidos de los relatos de El crimen del otro (1904), la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y la más extensa Historia de un amor turbio (1908). En 1909 se radicó precisamente en la provincia de Misiones, donde se desempeñó como juez de paz en San Ignacio, localidad famosa por sus ruinas de las reducciones jesuíticas, a la par que cultivaba yerba mate y naranjas.
Nuevamente en Buenos Aires trabajó en el consulado de Uruguay y dio a la prensa Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), los relatos para niños Cuentos de la selva (1918), El salvaje, la obra teatral Las sacrificadas (ambos de 1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos (1925) y quizá su mejor libro de relatos, Los desterrados (1926). Colaboró en diferentes medios: Caras y Caretas, Fray Mocho, La Novela Semanal y La Nación, entre otros.
En 1927 contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Dos años después publicó la novela Pasado amor, sin mucho éxito. Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, regresó a Misiones para dedicarse a la floricultura. En 1935 publicó su último libro de cuentos, Más allá. Hospitalizado en Buenos Aires, se le descubrió un cáncer gástrico, enfermedad que parece haber sido la causa que lo impulsó al suicidio, ya que puso fin a sus días ingiriendo cianuro.
Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final. Incursionó asimismo en el relato fantástico. Sus publicaciones póstumas incluyen Cartas inéditas de H. Quiroga (1959, dos tomos) y Obras inéditas y desconocidas (ocho volúmenes, 1967-1969).
Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, Horacio Quiroga destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Muchos de sus relatos tienen por escenario la selva de Misiones, en el norte argentino, lugar donde Quiroga residió largos años y del que extrajo situaciones y personajes para sus narraciones. Sus personajes suelen ser víctimas propiciatorias de la hostilidad y la desmesura de un mundo bárbaro e irracional, que se manifiesta en inundaciones, lluvias torrenciales y la presencia de animales feroces.
Quiroga manejó con destreza las leyes internas de la narración y se abocó con ahínco a la búsqueda de un lenguaje que lograra transmitir con veracidad aquello que deseaba narrar; ello lo alejó paulatinamente de los presupuestos de la escuela modernista, a la que había adherido en un principio. Fuera de sus cuentos ambientados en el espacio selvático misionero, abordó los relatos de temática parapsicológica o paranormal, al estilo de lo que hoy conocemos como literatura de anticipación.
(Salto, 1878 - Buenos Aires, 1937) Narrador uruguayo radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos. Su obra se sitúa entre la declinación del modernismo y la emergencia de las vanguardias.
Las tragedias marcaron la vida del escritor: su padre murió en un accidente de caza, y su padrastro y posteriormente su primera esposa se suicidaron; además, Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su amigo Federico Ferrando.
Estudió en Montevideo y pronto comenzó a interesarse por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió Una estación de amor (1898), fundó en su ciudad natal la Revista de Salto (1899), marchó a Europa y resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de viaje a París (1900). A su regreso fundó el Consistorio del Gay Saber, que pese a su corta existencia presidió la vida literaria de Montevideo y las polémicas con el grupo de J. Herrera y Reissig.
Ya instalado en Buenos Aires publicó Los arrecifes de coral, poemas, cuentos y prosa lírica (1901), seguidos de los relatos de El crimen del otro (1904), la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y la más extensa Historia de un amor turbio (1908). En 1909 se radicó precisamente en la provincia de Misiones, donde se desempeñó como juez de paz en San Ignacio, localidad famosa por sus ruinas de las reducciones jesuíticas, a la par que cultivaba yerba mate y naranjas.
Nuevamente en Buenos Aires trabajó en el consulado de Uruguay y dio a la prensa Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), los relatos para niños Cuentos de la selva (1918), El salvaje, la obra teatral Las sacrificadas (ambos de 1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos (1925) y quizá su mejor libro de relatos, Los desterrados (1926). Colaboró en diferentes medios: Caras y Caretas, Fray Mocho, La Novela Semanal y La Nación, entre otros.
En 1927 contrajo segundas nupcias con una joven amiga de su hija Eglé, con quien tuvo una niña. Dos años después publicó la novela Pasado amor, sin mucho éxito. Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, regresó a Misiones para dedicarse a la floricultura. En 1935 publicó su último libro de cuentos, Más allá. Hospitalizado en Buenos Aires, se le descubrió un cáncer gástrico, enfermedad que parece haber sido la causa que lo impulsó al suicidio, ya que puso fin a sus días ingiriendo cianuro.
Quiroga sintetizó las técnicas de su oficio en el Decálogo del perfecto cuentista, estableciendo pautas relativas a la estructura, la tensión narrativa, la consumación de la historia y el impacto del final. Incursionó asimismo en el relato fantástico. Sus publicaciones póstumas incluyen Cartas inéditas de H. Quiroga (1959, dos tomos) y Obras inéditas y desconocidas (ocho volúmenes, 1967-1969).
Influido por Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y Guy de Maupassant, Horacio Quiroga destiló una notoria precisión de estilo, que le permitió narrar magistralmente la violencia y el horror que se esconden detrás de la aparente apacibilidad de la naturaleza. Muchos de sus relatos tienen por escenario la selva de Misiones, en el norte argentino, lugar donde Quiroga residió largos años y del que extrajo situaciones y personajes para sus narraciones. Sus personajes suelen ser víctimas propiciatorias de la hostilidad y la desmesura de un mundo bárbaro e irracional, que se manifiesta en inundaciones, lluvias torrenciales y la presencia de animales feroces.
Quiroga manejó con destreza las leyes internas de la narración y se abocó con ahínco a la búsqueda de un lenguaje que lograra transmitir con veracidad aquello que deseaba narrar; ello lo alejó paulatinamente de los presupuestos de la escuela modernista, a la que había adherido en un principio. Fuera de sus cuentos ambientados en el espacio selvático misionero, abordó los relatos de temática parapsicológica o paranormal, al estilo de lo que hoy conocemos como literatura de anticipación.
Introducción
Horacio Quiroga:
Se presentan los inolvidables "Cuentos de la Selva" que son utilizados en las lecturas escolares de los cursos de Nivel Primario, del segundo y tercer ciclo de Educación Primaria Básica.
La ficción de los animales personificados en estos cuentos se presenta en la descripción realista del paisaje de la selva misionera y el bosque chaqueño, con sus peligros, acechanzas y una exuberante vegetación tropical.
Se presentan los inolvidables "Cuentos de la Selva" que son utilizados en las lecturas escolares de los cursos de Nivel Primario, del segundo y tercer ciclo de Educación Primaria Básica.
La ficción de los animales personificados en estos cuentos se presenta en la descripción realista del paisaje de la selva misionera y el bosque chaqueño, con sus peligros, acechanzas y una exuberante vegetación tropical.
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